
El primero, es desde el punto de vista del cuerpo de nazarenos. Antes de decir nada, hay que felicitar a la mayoría de ellos por su gran comportamiento, y competencia ante acontecimientos imprevistos que tienen lugar durante la Estación de Penitencia. En cambio, hay otros que se dedican a ensuciar la limpieza y el orden con el que se desarrolla el discurrir de la procesión. ¿Cómo? Pues muchos se dedican a
llevar grandes reservas de comida o bien reciben un suministro frecuente durante las seis horas de penitencia. Para ello, incumple las normas establecidas, pues tienen que levantarse el antifaz, o se le acerca una persona cercana a esta, dejando al descubierto su identidad, aspecto que va en contra de las reglas de la Hermandad.
Tampoco está permitido el dar la típica bolita de cera a todo aquel que se lo pide, vale que es una imágen típica de la Semana Santa, pero es una acción absurda que altera el orden y la firmeza del cuerpo de nazareno.
Todo ello debería modificarse por el bien de la Hermandad, y por dar la imágen y el recogimiento que se merecen nuestros Titulares.
A todo esto hay que añadirle el comportamiento de gran parte del público que observa desde fuera el pasar de la cofradía. Que menos que callarse los cuatro chismorreos que contar cuando Cristo, que pasa con un sufrimiento enorme, y nuestra Madre detrás, llorando por el Hijo que está a punto de morir por esos que hablan. Es una lástima la falta de respeto que tienen ciertas personas, donde, si sinceramente no desean más que lucir sus trajes de galas, mejor no acudan a ver lo grandiosa que es la Semana Santa. Resulta muy fácil no hechar cuenta
alguna a todo el cortejo y aplaudir solo cuando los marivollosos hombres, que van con todo el peso de un Cristo paciente y con la Amargura de una Madre, dan una chicotá o un paso más largo que otro (que no es que eso no sea aplausible, todo lo contrario, solo que hay más cosas aparte).

En fin, que deberíamos colaborar todos, tanto desde dentro de la Hermandad, como los que nos ven desde fuera, por hacer de estas fiestas, algo admirable por todos y de lo que se pueda presumir aún más.