Un año más llega la fría y luctuosa cita con el penúltimo de los meses del año, el mes de noviembre o mes de los difuntos. Estos treinta días están dedicados a aquellas personas que dejaron de estar entre nosotros para ir al Reino de los Cielos de la mano de la Virgen Santísima. Es por esta razón por la que Ella se ha vestido de oscuro, para no distorsionar el paisaje doloroso que supone el adiós definitivo del ser querido. De sus ropajes, María ha escogido la sobriedad y la elegancia para guiar con su Bendita Mano a las Almas que engrosarán las nubes del Cielo. María está acostumbrada a ello;cada Semana Santa hace lo propio con su Hijo, a quien mataron por ser el Rey de los Judíos.
Sin embargo, la Madre del Redentor no sólo viste de luto por la muerte: el negro de sus ropajes refleja las penurias que azotan este mundo, las injusticias que se comenten diariamente, el hambre que soportan millones de personas por la incapacidad de sus gobernantes, la Amargura de no saber dónde los desparecidos; la Soledad de aquellos ancianos olvidados por sus familias; o simplemente, el Dolor que se siente al tener que escribir estas líneas pensando que el mundo está así.
Sin embargo, la Madre del Redentor no sólo viste de luto por la muerte: el negro de sus ropajes refleja las penurias que azotan este mundo, las injusticias que se comenten diariamente, el hambre que soportan millones de personas por la incapacidad de sus gobernantes, la Amargura de no saber dónde los desparecidos; la Soledad de aquellos ancianos olvidados por sus familias; o simplemente, el Dolor que se siente al tener que escribir estas líneas pensando que el mundo está así.
Lejos de catastrofismos, en nuestro corazón ha de elevarse un sentimiento de Esperanza que nos ayude a cambiar el panorama, a verlo desde otro punto de vista. Nuestra vida tiene que ser un canto de alegría por mucho que nuestras penas sean mayores. Debemos seguir el ejemplo de Cristo, quien no decayó en ninguno de los momentos de su vida, incluso, ni en su propia muerte.
Debemos rezarle a Robledo, Amargura, Esperanza, Soledad, Dolores para que nos den la fuerza que necesitamos para emprender nuestro día a día. La luz de su mirada debe ser la guía de nuestros pasos y de nuestras acciones. Sin la fe no hay camino, y sin camino, no hay esperanza.








